viernes, julio 08, 2016

EL CLIS DE SOL AUTOR: MANUEL GONZALES ZELEDÓN

MANUEL GONZÁLEZ ZELEDÓN  -Magón- (1864 -1936) Costarrica.
Nota: El texto no tiene mala ortografía, lo que pasa es que el autor quiere con los términos determinar el habla propia de sus personajes (actantes).

EL CLIS DE SOL


No es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de ñor  Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios.  Me la refirió hará cinco días,  y tanto me sorprendió la maravilla que juzgo una acción  criminal el no comunicarla para que los sabios y los observadores estudien el caso con el detenimiento que se merece.

Podría tal vez entrar en un análisis serio del asunto,  pero me reservo para cuando haya oído las opiniones de mis lectores.  Va, pues, monda y lironda,  la consabida maravilla.

Ñor Cornelio vino a verme y trajo consigo un par de niñas de dos años y medio de edad,  nacidas de una sola  “camada”,  como él dice, llamadas María de los Dolores y María del Pilar, ambas rubias como una espiga, blancas y rosadas como durazno maduro y lindas como si fueran “imágenes”, según la expresión de ñor Cornelio. Contrastaban notablemente la belleza infantil de las gemelas con la sincera incorrección de los rasgos fisonómicos de ñor Cornelio, feo si los hay, moreno subido y tosco hasta lo sucio de las uñas y lo rajado de los talones. Naturalmente, se me ocurrió en el acto de preguntarle por el progenitor feliz de aquel par de boquirrubias. El viejo se chilló de orgullo, retorció la jetaza de pejiyabe rayado, se limpió las babas con el revés de la peluda mano contestó:

— ¡Pos yo soy el tata, mas que sea feo el decilo! ¡No se parecen a yo, pero es que la mama no es tan pior, y pal gran poder de mi Dios no hay nada imposible!
— Pero dígame, ñor Cornelio, ¿su mujer es rubia, o alguno de los abuelos era así como las chiquitas?
— No, ñor ; en toda la familia no ha habido ninguna gata ni canelo; todos hemos sido acholaos.
— Y entonces ¿cómo se explica usted que las niñas hayan nacido con ese pelo y esos colores?
El viejo soltó una estrepitosa carcajada, se enjarró y me lanzó una mirada de soberano desdén..
— ¿De qué se ríe, ñor Cornelio?
— ¿Pos no había de rirme, don Magón, cuando veo que un probe inorante como yo, un campiruso pión, sabe más que un hombre como usté, que todos dicen que es tan sabido, tan leído y que hasta hace leyes onde el Presidente con los menistros?
— A ver, explíqueme eso.
— Hora verá lo que jue.

Ñor Cornelio sacó de las alforjas un buen pedazo de sobao, dio un trozo a cada chiquilla, arrimó, un taburete en el que se dejó caer satisfecho de su próximo triunfo, se sonó estrepitosamente las narices, tapando cada una de las ventanas con el índice respectivo y soplando con violencia por la otra, restregó con la planta de la pataza derecha limpiando el piso, se enjugó con el revés de la chaqueta y principió su explicación en estos términos:

— Usté sabe que hora en marzo hizo tres años que hubo un clis de sol, en que se oscureció el sol en todo el medio; bueno, pues como unos veinte días antes, Lina, mi mujer salió habelitada de esas chiquillas. Desde ese entonce, le cogió un desasosiego tan grande, aquello era cajeta; no había como atajala, se salía de la casa de día y de noche, siempre ispiando pal cielo; se iba al solar, a la quebrada, al charralillo del cerco, y siempre con aquel capricho y aquel mal que no había descanso, ni más remedio que dejala a gusto. Ella siempre había sido muy antojada en todos los partos. Vea, cuando nació el mayor, jue lo mesmo; con que una noche me dispertó tarde de la noche y m¹izo ir a buscarle cojoyos de cirgüelo macho. Pior que juera  a nacer la criatura con la boca abierta. Le truje los cojoyos; en después jueron otros antojos, pero nunca la llegué a ver tan deasosegada como con estas chiquitas. Pos hora verá, como le iba diciendo, le dió por ver pal cielo día y noche y el día del clis de sol que estaba yo en el breñalillo dende bueno mañana.

“Pa no, cansalo con el cuento, así siguío hasta que nacieron las muchachitas estas. No le niego que a yo se mi hizo cuesta arriba el velas tan canelas y tan gatas. Pero dende entonce parece que hubieran traído la bendición de Dios. La mestra me las quiere y les cuese la ropa, el Político les da sus cincos, el Cura me las pide pa paralas con naguas de puros linoses y antejuelas en el altar pal Corpus, y pa los días de la semana santa, las sacan en la procesión arrimadas al Nazareno y al Santo Sepulcro; pa la noche buena las mudan con muy bonitos vestidos y las ponen en el portal junto a las Tres Divinas. Y todos los costos son de bolsa de los mantenedores; y siempre les dan su medio escudo, gu bien su papel de a peso, gu otra buena regalía. ¡Bendito sea mi Dios que las jue a sacar pa  su servicio de un tata tan feo como yó?... Lina hasta que está culeca con sus chiquillas y dionde que aguanta que no se las abalanceen. Ya ha tenido sus buenas pleitos con curtidas del vecindario por las malvadas gatas”.
Interrumpí al ñor Cornelio, temeroso de que el panegírico no tuviera fin y lo hice volver al carril abandonado.

— Bien, ¿pero idiái?
— Idiái qué.  ¿Pos no ve que jue por ber ispiao la mama el clis de sol por lo quie son canelas? ¿Usté no sabía eso?
— No lo sabía, y me sorprende que usted lo hubiera adivinado sin tener ninguna instrucción.
— Pa qué engañalo, don Magón. Yo no jui el que adivinó el busiles. ¿Usté conoce a un mestro italiano que hizo la torre de la iglesia de la villa? ¿Un hombre gato, pelo colorao, muy blanco y muy macizo que come en casa ende hace cuatro años?
— No, ñor Cornelio.
— Pos él  jue el que me explicó la cosa del clis de sol.


EL CLIS DE SOL AUTOR: MANUEL GONZALES ZELEDÓN

MANUEL GONZÁLEZ ZELEDÓN  -Magón- (1864 -1936) Costarrica.
Nota: El texto no tiene mala ortografía, lo que pasa es que el autor quiere con los términos determinar el habla propia de sus personajes (actantes).

EL CLIS DE SOL


No es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de ñor  Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios.  Me la refirió hará cinco días,  y tanto me sorprendió la maravilla que juzgo una acción  criminal el no comunicarla para que los sabios y los observadores estudien el caso con el detenimiento que se merece.

Podría tal vez entrar en un análisis serio del asunto,  pero me reservo para cuando haya oído las opiniones de mis lectores.  Va, pues, monda y lironda,  la consabida maravilla.

Ñor Cornelio vino a verme y trajo consigo un par de niñas de dos años y medio de edad,  nacidas de una sola  “camada”,  como él dice, llamadas María de los Dolores y María del Pilar, ambas rubias como una espiga, blancas y rosadas como durazno maduro y lindas como si fueran “imágenes”, según la expresión de ñor Cornelio. Contrastaban notablemente la belleza infantil de las gemelas con la sincera incorrección de los rasgos fisonómicos de ñor Cornelio, feo si los hay, moreno subido y tosco hasta lo sucio de las uñas y lo rajado de los talones. Naturalmente, se me ocurrió en el acto de preguntarle por el progenitor feliz de aquel par de boquirrubias. El viejo se chilló de orgullo, retorció la jetaza de pejiyabe rayado, se limpió las babas con el revés de la peluda mano contestó:

— ¡Pos yo soy el tata, mas que sea feo el decilo! ¡No se parecen a yo, pero es que la mama no es tan pior, y pal gran poder de mi Dios no hay nada imposible!
— Pero dígame, ñor Cornelio, ¿su mujer es rubia, o alguno de los abuelos era así como las chiquitas?
— No, ñor ; en toda la familia no ha habido ninguna gata ni canelo; todos hemos sido acholaos.
— Y entonces ¿cómo se explica usted que las niñas hayan nacido con ese pelo y esos colores?
El viejo soltó una estrepitosa carcajada, se enjarró y me lanzó una mirada de soberano desdén..
— ¿De qué se ríe, ñor Cornelio?
— ¿Pos no había de rirme, don Magón, cuando veo que un probe inorante como yo, un campiruso pión, sabe más que un hombre como usté, que todos dicen que es tan sabido, tan leído y que hasta hace leyes onde el Presidente con los menistros?
— A ver, explíqueme eso.
— Hora verá lo que jue.

Ñor Cornelio sacó de las alforjas un buen pedazo de sobao, dio un trozo a cada chiquilla, arrimó, un taburete en el que se dejó caer satisfecho de su próximo triunfo, se sonó estrepitosamente las narices, tapando cada una de las ventanas con el índice respectivo y soplando con violencia por la otra, restregó con la planta de la pataza derecha limpiando el piso, se enjugó con el revés de la chaqueta y principió su explicación en estos términos:

— Usté sabe que hora en marzo hizo tres años que hubo un clis de sol, en que se oscureció el sol en todo el medio; bueno, pues como unos veinte días antes, Lina, mi mujer salió habelitada de esas chiquillas. Desde ese entonce, le cogió un desasosiego tan grande, aquello era cajeta; no había como atajala, se salía de la casa de día y de noche, siempre ispiando pal cielo; se iba al solar, a la quebrada, al charralillo del cerco, y siempre con aquel capricho y aquel mal que no había descanso, ni más remedio que dejala a gusto. Ella siempre había sido muy antojada en todos los partos. Vea, cuando nació el mayor, jue lo mesmo; con que una noche me dispertó tarde de la noche y m¹izo ir a buscarle cojoyos de cirgüelo macho. Pior que juera  a nacer la criatura con la boca abierta. Le truje los cojoyos; en después jueron otros antojos, pero nunca la llegué a ver tan deasosegada como con estas chiquitas. Pos hora verá, como le iba diciendo, le dió por ver pal cielo día y noche y el día del clis de sol que estaba yo en el breñalillo dende bueno mañana.

“Pa no, cansalo con el cuento, así siguío hasta que nacieron las muchachitas estas. No le niego que a yo se mi hizo cuesta arriba el velas tan canelas y tan gatas. Pero dende entonce parece que hubieran traído la bendición de Dios. La mestra me las quiere y les cuese la ropa, el Político les da sus cincos, el Cura me las pide pa paralas con naguas de puros linoses y antejuelas en el altar pal Corpus, y pa los días de la semana santa, las sacan en la procesión arrimadas al Nazareno y al Santo Sepulcro; pa la noche buena las mudan con muy bonitos vestidos y las ponen en el portal junto a las Tres Divinas. Y todos los costos son de bolsa de los mantenedores; y siempre les dan su medio escudo, gu bien su papel de a peso, gu otra buena regalía. ¡Bendito sea mi Dios que las jue a sacar pa  su servicio de un tata tan feo como yó?... Lina hasta que está culeca con sus chiquillas y dionde que aguanta que no se las abalanceen. Ya ha tenido sus buenas pleitos con curtidas del vecindario por las malvadas gatas”.
Interrumpí al ñor Cornelio, temeroso de que el panegírico no tuviera fin y lo hice volver al carril abandonado.

— Bien, ¿pero idiái?
— Idiái qué.  ¿Pos no ve que jue por ber ispiao la mama el clis de sol por lo quie son canelas? ¿Usté no sabía eso?
— No lo sabía, y me sorprende que usted lo hubiera adivinado sin tener ninguna instrucción.
— Pa qué engañalo, don Magón. Yo no jui el que adivinó el busiles. ¿Usté conoce a un mestro italiano que hizo la torre de la iglesia de la villa? ¿Un hombre gato, pelo colorao, muy blanco y muy macizo que come en casa ende hace cuatro años?
— No, ñor Cornelio.
— Pos él  jue el que me explicó la cosa del clis de sol.


sábado, julio 02, 2016

POPOL VUH CAP. I y III De la tercera parte

POPOL VUH CAP. I y III De la tercera parte
I
He aquí, pues, el principio de cuando se dispuso hacer alhombre, y cuando se buscó lo que debía entrar en la carne del hombre. Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: - Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra - así dijeron.

Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre. Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores. De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas.
Estos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac (el gato de monte), Utiú (el coyote), Quel (una cotorra vulgarmente llamada chocoyo) y Hoh (el cuervo). Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil.
Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz (en la formación del hombre) por obra de los Progenitores.
Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. Abundancia de sabrosos alimentos había en aquel pueblo llamado de Paxil y Cayalá.
Había alimentos de todas clases, alimentos pequeños y grandes, plantas pequeñas y plantas grandes. Los animales enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo Ixmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados.

A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.
II
Éstos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam. Éstos son los nombres de nuestras primeras madres y padres. Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores.
Sólo por un prodigio, por obra de encantamiento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón.
Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas (por la distancia) las veían todas, sin tener primero que moverse; enseguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían. Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.
Entonces les preguntaron el Creador y el Formador:
- ¿Qué piensan de su estado? ¿No miran? ¿No oyen? ¿No son buenos su lenguaje y su manera de andar? ¡Miren, pues! ¡Contemplen el mundo, vean si aparecen las montañas y los valles! ¡Prueben, pues, a ver! -les dijeron.
Y enseguida acabaron de ver cuánto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador:
- ¡En verdad les damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Les damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra. Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. - No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño -dijeron. Y así decidieron celebrar consejo nuevamente los Progenitores: - ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras (nuestras)? ¿Han de ser ellos también dioses?
¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -así dijeron. - Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y enseguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas. Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio (de la raza quiché). Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.


Capítulos I y II de la Tercera parte del Pópol Vuh

jueves, junio 30, 2016

MUERE VACA ACOSADA POR UN BURRO!!!

Imagen tomada de la página: http://blogs.gamefilia.com/files/imce/u564789/vaca-burro-710999.jpg


MUERE VACA ACOSADA POR UN BURRO!!!

Imagen tomada de la página: http://blogs.gamefilia.com/files/imce/u564789/vaca-burro-710999.jpg


AZUL DE TI - EDUARDO CARRANZA - SONETO

AZUL DE TI

Pensar en ti es azul, como ir vagando
por un bosque dorado al mediodía:
nacen jardines en el habla mía
y con mis nubes por tus sueños ando.

Nos une y nos separa un aire blando,
una distancia de melancolía;
yo alzo los brazos de mi poesía,
azul de ti, dolido y esperando.

Es como un horizonte de violines
o un tibio sufrimiento de jazmines
pensar en ti, de azul temperamento.

El mundo se me vuelve cristalino,
y te miro, entre lámpara de trino
azul domingo de mi pensamiento.

Autor: Eduardo Carranza (Colombia)

sábado, mayo 21, 2016

LAS HADAS - CHARLES PERRAULT

LAS HADAS

Érase una viuda que tenía dos hijas; la mayor se le parecía tanto en el carácter y en el físico, que quien veía a la hija, le parecía ver a la madre. Ambas eran tan desagradables y orgullosas que no se podía vivir con ellas. La menor, verdadero retrato de su padre por su dulzura y suavidad, era además de una extrema belleza. Como por naturaleza amamos a quien se nos parece, esta madre tenía locura por su hija mayor y a la vez sentía una aversión atroz por la menor. La hacía comer en la cocina y trabajar sin cesar.
Entre otras cosas, esta pobre niña tenía que ir dos veces al día a buscar agua a una media legua de la casa, y volver con una enorme jarra llena.
Un día que estaba en la fuente, se le acercó una pobre mujer rogándole que le diese de beber.
—Como no, mi buena señora, dijo la hermosa niña.
Y enjuagando de inmediato su jarra, sacó agua del mejor lugar de la fuente y se la ofreció, sosteniendo siempre la jarra para que bebiera más cómodamente. La buena mujer, después de beber, le dijo:
—Eres tan bella, tan buena y, tan amable, que no puedo dejar de hacerte un don (pues era un hada que había tomado la forma de una pobre aldeana para ver hasta donde llegaría la gentileza de la joven). Te concedo el don, prosiguió el hada, de que por cada palabra que pronuncies saldrá de tu boca una flor o una piedra preciosa.
Cuando la hermosa joven llegó a casa, su madre la reprendió por regresar tan tarde de la fuente.
—Perdón, madre mía, dijo la pobre muchacha, por haberme demorado; y al decir estas palabras, le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos grandes diamantes.
—¡Qué estoy viendo!, dijo su madre, llena de asombro; ¡parece que de la boca le salen perlas y diamantes! ¿Cómo es eso, hija mía?
Era la primera vez que le decía hija.
La pobre niña le contó ingenuamente todo lo que le había pasado, no sin botar una infinidad de diamantes.
—Verdaderamente, dijo la madre, tengo que mandar a mi hija; mirad, Fanchon, mirad lo que sale de la boca de vuestra hermana cuando habla; ¿no os gustaría tener un don semejante? Bastará con que vayáis a buscar agua a la fuente, y cuando una pobre mujer os pida de beber, ofrecerle muy gentilmente.
—¡No faltaba más! respondió groseramente la joven, ¡ir a la fuente!
—Deseo que vayáis, repuso la madre, ¡y de inmediato!
Ella fue, pero siempre refunfuñando. Tomó el más hermoso jarro de plata de la casa. No hizo más que llegar a la fuente y vio salir del bosque a una dama magníficamente ataviada que vino a pedirle de beber: era la misma hada que se había aparecido a su hermana, pero que se presentaba bajo el aspecto y con las ropas de una princesa, para ver hasta dónde llegaba la maldad de esta niña.
—¿Habré venido acaso, le dijo esta grosera mal criada, para daros de beber? ¡justamente, he traído un jarro de plata nada más que para dar de beber a su señoría! De acuerdo, bebed directamente, si queréis.
—No sois nada amable, repuso el hada, sin irritarse; ¡está bien! ya que sois tan poco atenta, os otorgo el don de que a cada palabra que pronunciéis, os salga de la boca una serpiente o un sapo.
La madre no hizo más que divisarla y le gritó:
—¡Y bien, hija mía!
—¡Y bien, madre mía! respondió la malvada echando dos víboras y dos sapos.
—¡Cielos!, exclamó la madre, ¿qué estoy viendo? ¡Su hermana tiene la culpa, me las pagará! y corrió a pegarle.
La pobre niña arrancó y fue a refugiarse en el bosque cercano. El hijo del rey, que regresaba de la caza, la encontró y viéndola tan hermosa le preguntó qué hacía allí sola y por qué lloraba.
—¡Ay!, señor, es mi madre que me ha echado de la casa.
El hijo del rey, que vio salir de su boca cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, le rogó que le dijera de dónde le venía aquello. Ella le contó toda su aventura.
El hijo del rey se enamoró de ella, y considerando que semejante don valía más que todo lo que se pudiera ofrecer al otro en matrimonio, la llevó con él al palacio de su padre, donde se casaron.

En cuanto a la hermana, se fue haciendo tan odiable, que su propia madre la echó de la casa; y la infeliz, después de haber ido de una parte a otra sin que nadie quisiera recibirla, se fue a morir al fondo del bosque.

Texto escrito por Charles Perrault

martes, febrero 23, 2016

jueves, febrero 18, 2016

miércoles, febrero 10, 2016

Mito Inca

EL MITO INCA
Machu Picchu, cuna de la civilización Inca
Un día muy lejano, el dios sin nombre se hizo la reflexión de que debía crear un mundo. Tenía la tierra, el agua y el fuego y eso le bastaba para dar forma a cualquier cosa que deseara formar. Así lo hizo, creando tres planos que componían un único Universo. En el de arriba puso a los dioses, que tenían el aspecto brillante del Sol y de la Luna, de las estrellas y de los cometas, y de todo cuanto luce allá en lo alto, sobre nuestras cabezas. Un poco más abajo, pero todavía sobre el segundo mundo, estaban los dioses del rayo, del relámpago y el trueno, del arco iris y de todas las cosas que no tienen más explicación que la que los dioses quieran dar. Ese tercio superior se llamó Janan Pacha. En el segundo mundo, en el de aquí, Cay Pacha, puso el dios creador a los humanos, a los animales y a las plantas, a todo lo vivo, incluidos los espíritus. En el mundo del tercer plano, el mundo interior, Ucu Pacha, quedó el espacio cerrado y reservado para los muertos. Los tres planos estaban intercomunicados, pero eran unas vías muy especiales las que daban acceso a unos y otros. Al de arriba podía acceder el hijo del Sol, el Inca o príncipe, el Intip churín; desde el interior se podía acceder al de aquí, a través de todos los conductos naturales que se abren desde el interior al exterior, conductos por los que brotan las aguas de la tierra, cuevas, grietas y volcanes, pacarinas, que eran las vías primitivas de acceso por las que llegaron los seres que dieron comienzo a la humanidad; los gérmenes que hicieron nacer los animales, y las semillas que dieron vida a todas las plantas que crecen sobre el mundo de aquí. El esquema de este universo inca sería, pues, el siguiente:
 
JANAN PACHA
Intip churín
CAY PACHA
Pacarina
UCU PACHA
 
El ciclo se cierra con este flujo hacia arriba, que parte del Ucu Pacha, a través de una Pacarina, para que la penetren los hombres Ayar y, en el mundo de aquí, den nacimiento al imperio inca, con sus fundadores Manco Capac y Mama Ocllo a la cabeza de una humanidad que, con ellos en la cumbre, puede dirigirse al mundo superior, para comunicarse con los dioses de los que ellos, naturalmente, forman parte.

Tomado de: http://www.alconet.com.ar/varios/mitologia/incas/mito01.html